Pretender que uno puede controlar todo, que tiene el poder sobre las personas, situaciones o bienes materiales es una idea realmente falsa. Se puede desear, influir y tratar de hacer planes, pero el camino trae sorpresas, cambios inesperados e imprevistos que modifican y pueden deshacer por completo los planes que se habían propuesto en un principio. La arrogancia y la seguridad de que uno puede controlar su propio camino, puede llevar a un duro choque con la realidad y nunca trae nada bueno como resultado.
Casi todos conocemos casos donde alguien que se haya casado, solamente por interés. También personas que juegan con su vida o con el dinero y creen estar en control de las circunstancias.
Para ser francos, a veces es posible que estas personas puedan lograr sus objetivos como producto de la suerte. Pero en general, las reglas del juego cambian sin preaviso y de repente uno descubre que no es tan poderoso como se creía.
El problema es que uno sabe como empieza pero casi nadie sabe cómo puede terminar. Lo que empezó siendo un cómodo o ventajoso arreglo puede llegar a costar muy caro.
Era obvio que Mirta y Felipe no estaban enamorados. El matrimonio de ellos parecía un arreglo comercial estupendo. Para Mirta casarse con Felipe representaba tener acceso a una buena vida, cuidar a su madre y poder pagar sus múltiples deudas, una vida fácil, cómoda y divertida que otro modo no podría tener. Felipe era un exitoso comerciante con una excelente posición económica y una activa vida social, un hombre bien conectado e influyente.
Para Felipe, casarse con Mirta significaba conservar su independencia. Ella no era demandante ni celosa, era muy bella y una excelente anfitriona que podía mantener una buena conversación con la gente con la cual Felipe se relacionaba.
Todo funcionó bien al principio. El problema comenzó a surgir cuando Mirta, casi sin darse cuenta, comenzó a enamorarse de su esposo. Además de admiración, se sentía muy atraída por su carisma y su encanto. Felipe era siempre el centro de las reuniones sociales y las mujeres se le venían encima como abejas en un panal.
Lo que en otra pareja hubiera sido un desarrollo positivo y deseable, para ésta se convirtió en un gran problema ya que Felipe continuaba firme con el arreglo que había hecho inicialmente y no sentía lo mismo por su esposa.
Mirta, se volvió muy demandante y celosa.
Quería acompañarlo en sus viajes de trabajo y se enojaba cada vez que él se negaba. Lo acorralaba a preguntas y quería que disminuyera su vida social. Empezó a demandar más demostraciones de afecto y comenzó a presionarlo para tener un hijo. La pareja comenzó a tener serias discusiones que pronto escalaron.
Con el tiempo, la situación se hizo insostenible y Felipe le pidió el divorcio.
Mirta pensó que ella nunca se enamoraría de Felipe ya que ella sabía lo que quería y lo tenía todo calculado.
Lástima que se equivocó: el mundo no funciona como uno quisiera y no gira alrededor de uno.